TENGO BUENAS Y MALAS…

Repasemos a fondo una y otra vez lo que dejó el triunfo del sábado ante Rafaela y seguramente podremos sacar diversas conclusiones. Podemos ser positivos, obvio… Se ganó, se sumaron tres puntitos en casa y a otra cosa. También podemos tener la esperanza que de que los pibes, ya sea Di Renzo o el Pampu González, se mataron adentro de la cancha para aprovechar su chance y lo consiguieron. Que la defensa sufrió poco o casi nada, que Ibañez fue un espectador de lujo pero cuando tuvo que aparecer tapó lo que era el empate de Cervantes y que Fritzler, con una buena pretemporada encima, volvió a ser el Polaco de siempre. Que Román Martínez, con poco, fue clave al igual que los pocos minutos que sumó el Bicho Aguirre, y que a pesar de que no haya estado Acosta en cancha pudimos sacar adelante un partido que pintaba para el bostezo.

Pero claro, todo sería diferente si el partido en sí lo analizaríamos desde otro lado, sacando los 15 minutos de gloria en los cuales se abrió el partido y Lanús consiguió los tres tantos. Con un mes para preparar este partido, ¿Cuál fue la idea? Contra un rival netamente inferior, y siendo local, ¿De qué sirve ser el dominador de la pelota si no lastimas? O ni siquiera lo intentas ya sea porque fallas en el último pase, o porque no se te cae una idea, una pelota parada bien ejecutada o porque abusas del pelotazo… Fue pobre lo del Grana a pesar de la sonrisa final, y eso también hay que ponerlo en la balanza. Basta con repasar la cantidad de ocasiones generadas hasta el gol de Román Martínez para darse cuenta de que no todo es lo que parece.

Es cierto que ahora el panorama puede ser otro con la vuelta del Laucha, la habilitación de Stracqua y la pegada de Ayala a la orden de los Mellizos. Más si a eso le sumamos la eterna recuperación del Flaco Leto o la llegada de algún refuerzo más (que lástima que no se cerró Nacho Fernández…). Pero así y todo, más allá de ganar hay que saber buscar el mejor camino para poder conseguirlo. Si no, es pan para hoy y hambre para mañana.