Sin defensa y con justicia

Lanús tuvo un partido para el olvido y cayó 3-0 sin atenuantes en la final de la Copa Sudamericana ante Defensa y Justicia. Frías, Romero y Camacho, los goles del merecido campeón. Desdibujada imagen del equipo de Zubeldía, que deberá barajar rápido y dar de nuevo si pretende volver a ser protagonista.

No lo dieron todo. Salvo excepciones, como la del legendario Pepe Sand, que a sus 40 años corrió hasta el último minuto, o un desordenado pero voluntarioso Toto Belmonte y el siempre cumplidor Café Aguirre, el resto no pareció concientizarse de lo que estaba en juego.

Lanús fue una sombra en el Kempes. La final de la Copa Sudamericana le quedó gigante. ¿Falta de actitud? ¿Mal planteo? Posiblemente, sumado a la realidad inobjetable de un rival siempre superior. El Granate perdió cada duelo individual, en intensidad y tácticamente ante un Defensa y Justicia que lo dominó de principio a fin. Hubo un solo equipo en la cancha, quizás el mayor reproche a la hora de una fugaz evaluación inmediata.

¿Qué le pasó al equipo de Zubeldía? La realidad es que la postura inicial y el desempeño no varió demasiado a 3/4 partes de la serie contra Vélez, menos el último tiempo. La diferencia, claro, fue que el Halcón de Varela mostró más efectividad y golpeó en momentos determinantes del juego. Sí, se invirtieron los roles. 

En la semifinal revancha, el Grana pateó por primera vez al arco en el gol de Belmonte, en tiempo adicional de la primera parte. En Córdoba, tardó ¡42 minutos! para el primer remate -desviado- de Lucas Vera. Escasearon llegadas y entrega. Imperdonable para un equipo que pretendía ser campeón.

Defensa insinuó siempre más, desde el pitazo inicial. Tras varias aproximaciones, golpeó a los 33 a través de Frías. Amplió a los 15 del complemento con Romero, tras un error garrafal de Alexis Pérez, pilar del Granate en la Copa. Y sobre la hora lo liquidó Camacho, con un equipo entregado anímica y futbolísticamente.

¿Por qué Burdisso y no Matías Pérez? “Experiencia y pelota parada”, sustentó Zubeldía en conferencia de prensa post derrota. ¿Y por qué Lucas Vera y no Orozco? “Decisión táctica por cómo pretendíamos jugar, después evaluaremos si cumplió o no”, apuntó Luis. Lo cierto es que el cambio de esquema (4-3-3) no favoreció a un equipo sin demasiadas variantes y que cedió el protagonismo al punto de verse superado por completo.

Apreciando el vaso medio lleno, Lanús llegó a una final internacional contra todos los pronósticos en la previa, con un equipo nuevo y mayoritariamente juvenil que se había desarmado tras las salidas de Marcelino Moreno, Rossi, Muñoz, Valenti y Auzqui. Además, afrontó el partido definitorio sin su capitán (Lautaro Acosta) y con varios soldados tocados en lo físico, como José Luis Gómez y Pedro de la Vega (“jugó desgarrado”, confesó el presidente Nicolás Russo en Radio La Red).

El vaso medio vacío, en cambio, nos muestra una actuación con muy pocas luces, de las peores versiones de la era Zubeldía, justo a 90 minutos de un título. La ilusión era grande, por eso semejante tristeza y desconsuelo.

Sin defensa y con justicia, así perdió Lanús, que tendrá que barajar rápido y dar de nuevo. Con el próximo torneo local a la vuelta de la esquina, el próximo 14 de febrero, no hay tiempo para lamentos. Sí para una autocrítica profunda y repensar cuestiones que no pueden repetirse.

Bruno Russo

Bruno Russo

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