El ‘Pino’ Granate

Por: Marcelo Calvente


Surgido de las divisiones inferiores de Lanús, alcanzó la titularidad en 1972 gracias a Ángel Labruna,
el entonces director técnico del club, que ante la inminencia del descenso lo hizo debutar en Primera junto a otros juveniles, a quienes mantuvo en sus puestos hasta el final del Torneo Nacional de ese año.

Con el paso de los años se convirtió en un verdadero símbolo del club, capitán de todos los equipos que integró, y referente para todos los compañeros que tuvo en su carrera. Volante central habilidoso, cultor del toque y la gambeta, autor de pocos pero notables goles, su máximo nivel lo alcanzó durante el torneo de ascenso de 1976, cuando fue la máxima figura de un gran equipo que resultó un gran campeón. Al cabo de ese torneo fue pretendido por River, que de la mano de Labruna había logrado cortar una sequía de 18 años, y también por el Boca de Juan Carlos Lorenzo.

A pedido de Silvero, el entrenador granate de entonces, decidió quedarse en el club. Sin embargo, el técnico puso en su lugar a su amigo, el veterano Carlos Pachamé, marginando a Pino del equipo que terminaría descendiendo. Debido a ese conflicto se alejó de la institución.

En 1978, mientras Lanús descendía a la “C”, Lodico jugó en Banfield, en primera división. Los dirigentes granates lo fueron a buscar, y pese a que tenía ofertas mejores, decidió volver al club para poner el hombro en las malas e intentar el retorno a la “B”, que llegaría recién en 1981, después de permanecer tres años en la “C”.

Lodico fue el capitán de un extraordinario elenco campeón repleto de figuras jóvenes surgidas de la cantera, como Juan José Sánchez, Lito Beltrán, Néstor Sicher, Horacio Attadía, Claudio Nigretti, Juan Crespín y los hermanos Ramón y Héctor Enrique, que pasó a la historia como Los Pibes del Viejo Guerra. Una dolencia en un oído, producto de una mala praxis, condicionó sus últimos años como futbolista. A los 30 jugó su último partido: fue el 28 de marzo de 1983 ante el Deportivo Español.

Su estampa, su clase, su visión del juego y el reconocimiento de todos los que fueron sus compañeros y rivales lo definen como la figura más destacada de los peores años del club Lanús. Luego del fútbol se dedicó a la pintura, y con el mismo talento con que dominaba el balón, pincel en mano creó obras hermosas que expuso y vendió en las principales galerías de arte de Buenos Aires.

Después de mucho andar por los caminos de la pintura artística, logró volver a su primera pasión: el fútbol. En la actualidad, con 65 años y la presencia de siempre, trabaja en la formación de pequeñas esperanzas granates en el Dpto. de Fútbol Infantil de la institución que considera su segundo hogar, y donde recibe el cariño de todos: de los que lo vieron jugar y de los que sin haber tenido esa suerte, con el paso del tiempo van conociendo su fabulosa historia de vida y su amor por los colores.