BENITO CEJAS, EL FUTBOLISTA QUE MURIÓ DOS VECES

Nacido el 2 de febrero de 1934 en la ciudad de Córdoba, Benito Cejas llegó a Lanús proveniente de Racing de Nueva Italia para sumarse a la tercera división. Debutó en Primera en 1952 con 18 años recién cumplidos, cuando comenzaba a escribirse la leyenda de Los Globetrotters. En 1954, con la llegada de Dante Lugo, conformaron una inolvidable dupla de ataque.

En la larga noche del viernes 16 de septiembre de 1955, cuando la Revolución Libertadora depuso a Perón, su nombre de soldado conscripto figuró en una lista de caídos en combate. El futbolista se había extraviado durante un bombardeo de la aviación rebelde en Coronel Pringles, y pasó la noche sólo en el campo. Sin embargo, cuando en la mañana del martes llegó a su casa, familiares y amigos lo lloraban, las primeras ofrendas florales ya habían llegado y el dirigente Guillermo Garrido aprontaba los trámites para velarlo en la sede del club ni bien le entregaran el cuerpo del difunto. El torneo se reanudó el 2 de octubre. Ese domingo Lanús venció a Boca en Arias y Acha por 1 a 0, y Benito Cejas fue el autor del gol. “El muerto no faltó a la cita” tituló el diario Crítica.

Lo apodaban Poncho Negro por su parecido con un jinete enmascarado de historieta y llevaba disputados 90 partidos y convertido 32 goles desde su debut en primera con la casaca granate, hasta que el 17 de junio de 1956 su camino se cruzó con el de Pipo Rossi, volante central de River y la Selección, que con un golpe artero le fracturó el peroné de su pierna derecha. Para el periodismo especializado, se trató de un golpe intencional. Cejas estuvo convaleciente durante todo el 56, y recién pudo volver en 1957, jugando 13 partidos y convirtiendo 4 goles. En 1958 estuvo presente en 29 de los 44 encuentros que Lanús disputó entre campeonato y Copa Suecia, marcando 10 goles, pero no hubo caso, después de su grave lesión nunca volvió a ser el mismo. Lanús le dio la libertad de acción al finalizar ese año.

Luego de un paso fugaz por Tigre, Adolfo Pedernera lo llevó a Colombia para ser figura en el Tolima durante tres años más, entre 1960 y 1962, cuando una rotura de meniscos lo obligó a un tempranero adiós a la carrera de futbolista a los 28 años. Falleció en Córdoba el 19 de enero de 2017 a los 83 años.


Marcelo Calvente