Lanús, de luto: falleció “Pocho” Iturria

El histórico masajista y utilero murió a los 85 años, tras estar internado desde el 10 de septiembre por contagiarse de coronavirus. Se va un personaje muy querido por la familia Granate, recordado por revolear su toalla para anunciar la salida del equipo y los festejos junto al muñeco de Chucky.

El Club Lanús vive un domingo de luto y profunda tristeza, al conocer la noticia del fallecimiento de Juan Fidel Iturria, histórico masajista y utilero del Grana, quien murió a los 85 años.

Pocho estaba internado desde el 10 de septiembre en el Hospital Evita de Lanús junto a su señora, ambos contagiados de coronavirus.

El último parte médico había arrojado un diagnóstico con una leve mejoría, aunque la falta de oxígeno de alto flujo, según le detalló ayer su hija al Magazine Granate, era un factor que tenía preocupados a los especialistas.

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Lanús despide a un personaje muy querido, de pura cepa Granate, recordado por los más jóvenes por su clásico revoleo de toalla para anunciar la salida del equipo al campo de juego y por sus eufóricos festejos junto al muñeco de Chucky de cara a la popular.

Desde Fortaleza Granate enviamos nuestras más sinceras condolencias a familiares y seres queridos. Para recordarlo, compartimos una nota publicada por el Diario Clarín en 1998. Adiós Pocho, que en paz descanses.

Manos mágicas: el pintoresco masajista de Lanús pasó al Mallorca de España

Todo aquél que esté metido en el ambiente del fútbol no puede permanecer ajeno al hombre que lleva una uña pintada de rojo. Es una promesa que le hice a Santa Rita, explica el personaje. Según su documento de identidad, el que revolea al aire la toalla y el gorrito cuando Lanús consigue algún triunfo, se llama Juan Iturria. Pero para todos los que lo conocen es simplemente Pocho.

Fue boxeador, oficial panadero, ciruja y hasta se animó a actuar. Sin embargo, su verdadera profesión, masajista, está a punto de brindarle a los 63 años la chance de su vida: trabajar en el Mallorca (El equipo dirigido por Cúper) de España.

Desde 1971 forma parte de la escenografía del club. Lanús no me vio nacer, me vio envejecer, asegura Pocho, que dio sus primeros pasos como masajista en El Porvenir y San Telmo. Con el correr de los años hice varios cursos y me recibí, menciona, y añade con una mezcla de orgullo y satisfacción: Tengo diploma y todo. Cada una de las canas que peina equivale a una anécdota. Y su rostro arrugado denota el andar por una vida repleta de tropezones y caídas.


-¿Cómo se metió en el boxeo?

-Por venganza, ésa es la verdad. Nací en el interior de Santa Fe. Cuando era chico mis padres se separaron y quedamos prácticamente en la calle. Después mi mamá se juntó con otra persona, que le pegaba mucho a mis hermanos. Yo me vine a Buenos Aires a los 15 años. Entonces empecé a boxear para vengarme de mi padrastro. Tres años más tarde lo fui a buscar a Santa Fe. Cuando lo encontré le di una paliza bárbara y me volví a Buenos Aires. Llegué a pelear como profesional, pero abandoné porque me pegaban mucho. Cuando largué me gasté todo el dinero. Pensé que me llevaba el mundo por delante. No tuve nadie que me asesore y perdí todo.

-¿La solución fue hacerse masajista?

-Y… sí, pero tampoco faltaron los tragos amargos. Cuando Lanús estaba en la C trabajé dos años sin cobrar un peso. Entonces empecé a cirujear porque no tenía para comer. Que quede claro: no robaba. Cirujeaba. No me da vergüenza decirlo. Juntaba botellas para venderlas, y papas, cebollas y frutas, que después las lavaba bien y se las daba a mis hijos para que puedan comer.

-Después vinieron épocas mejores…

-Es cierto. El fútbol me posibilitó conocer muchos lugares del mundo. Fui a Europa, Japón, Indonesia, Malasia, Singapur. También tuve la suerte de formar parte de la Selección de Basile. Un día me vino a buscar Miguel Russo y me dijo que tenía una entrevista en la AFA. Yo pensé que me estaba cargando, pero era cierto. El primer día de trabajo llegué con tanto miedo que cuando terminé de masajear volví a mi casa mal de la descompostura que tenía por los nervios. Después pasé al seleccionado juvenil, donde estaban Pochettino, Huguito Morales, Delgado, Leo Díaz, Esnaider, París…


-¿Por qué los jugadores lo quieren tanto?

-Porque el masajista es un amigo; una especie de confidente. Algunas veces los chicos me cuentan sus problemas personales, y como uno tiene más edad trata de aconsejarlos. Muchos pibes vienen del interior y se encuentran con las exigencias del fútbol profesional, entonces hay que darles una mano. Con los jugadores hacemos bromas todo el tiempo. Boxeamos, yo me hago el que me noquean…

-¿Cómo surgió la posibilidad de ir a España?

-Los contactos en Mallorca los hizo Ariel López (ex jugador de Lanús). Hubo algunos problemas con el masajista que ellos tienen, y el Chupa -que vendría a ser mi representante (admite con una sonrisa)- me preguntó si quería viajar y le dije que sí. Me iría con Graciela (su tercera esposa) y Daiana (la hija que tiene con ella). Estoy esperando que me digan qué día tengo que viajar…

 

Sería el primer caso de un masajista que se va a Europa. Pocho confiesa haber ganado buen dinero a lo largo de su carrera, y aunque admite estar en el umbral del retiro, aún siente ganas de recorrer nuevos caminos: El momento del adiós existe, pero ojalá que no llegue nunca, afirma sabiendo que sueña con un imposible. Y enseguida agrega mirando hacia un horizonte inmediato: Si me voy a España sería el broche de oro. No para mí, sino para mis hijos y para Lanús, que es mi casa y el club al que represento.

Bruno Russo

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