DESINFLADO

Lanús retrocedió varios casilleros y luego de tres partidos sin derrotas, cayó en la Fortaleza 1 a 0 ante un Huracán que no propuso nada. Para colmo, el gol del Globo lo metió Nicolás Thaller, en su propia puerta. Si bien el equipo de Zubeldía fue mucho más que su rival, pecó nuevamente a la hora de meterla desperdiciando varias chances de gol. De esta manera, sigue estancado en el fondo de la tabla de posiciones y lo peor de todo, llega caído anímicamente al clásico del domingo en Banfield frente al Taladro.

 

Por: Nicolás Gómez Cortés

No importan las buenas intenciones en el fútbol. Por más posesión del balón que tengas, o que llegues con o sin claridad al arco rival durante los 90 minutos, si te descuidas en una oportunidad la podes ir a buscar adentro. Y si no tenes ideas claras ni fuerza mental para evitar la presión por perder de nuevo, por más gente que metas en ofensiva, los caminos se van cerrando con el correr de los minutos. Y el resultado, lamentablemente, termina siendo el de siempre. Bah, el de ahora. Al que se acostumbró este Lanús, que hizo el desgaste pero se quedó con las manos vacías.

Más allá de haber hecho una buena primera parte, con actuaciones aceptables y meter en su propio campo a Huracán, el último pase le cuesta horrores al conjunto de Luis Zubeldía. Cuando llega al barde del área, se queda sin restos o sin ideas claras. El remate de media distancia no es su fuerte, por más que intentó en varias ocasiones (Acosta tuvo la más clara), el centro en la búsqueda de un Ribas que poco inquietó fue la opción uno, dos y tres en cada ataque o aproximación Granate.

El Globo entró perdido al campo de juego desde el vamos, estuvo impreciso y fuera de tiempo cada vez que quiso jugar. Se vio superado y su técnico -Gustavo Alfaro- muy nervioso por lo que proponían sus jugadores. Sin embargo, así y todo, se fue al descanso sin recibir goles en contra, toda una noticia por lo visto en esos 45 minutos en donde no tuvo siquiera una oportunidad para generar peligro en el arco de Matías Ibañez.

Pero todo se vino a pique y se complicó por demás cuando a los tres minutos de comenzada la segunda parte. Norberto Briasco realizó una buena maniobra personal por la banda derecha, desborde y centro atrás para que alguien solamente tenga que empujar la pelota al fondo del arco Granate. Lamentablemente, no fue ningún compañero suyo el que lo hizo, sino un defensor Granate: Nicolás Thaller. Por más esfuerzo de Ibañez, el balón se coló junto al palo y terminó en gol en contra.

El Globo, sin nada, se ponía en ventaja la cual iba a terminar siendo definitiva. Un tiempo entero no le alcanzó a Lanús para poder dar vuelta la historia. Ni Sinisterra ni De La Vega, ingresados en el último cuarto, pudieron levantar a un equipo hundido, o mejor dicho desinflado. Se viene el Clásico, y la gente pidió a los cuatro vientos ganar. No importa cómo. Sólo ganar sirve en este momento tan delicado.