“Conozco cada rincón del Polideportivo”

Muy amigo del Pepo de La Vega, presente en el Instagram Live junto a Toto Belmonte y muchos hinchas de Lanús, Matías Pérez contó su historia de vida ligada desde los ocho años al Granate, con anécdotas de su paso por inferiores y el tan ansiado debut en Primera contra Godoy Cruz en febrero. Su referente en el puesto, por qué lo apodan Chipa y el consejo para los juveniles que asoman en la cantera.


Por:
Pablo Emilio Stepper Pugliese

-¿Cómo estás entrenando en la cuarentena?

-Bien, por suerte tengo un lindo patio amplio acá en mi casa de Florencio Varela.

-¿Cómo es jugar al lado del Pepe?

-Es hermoso, con el Laucha también. Son dos ejemplos a seguir en el club.

-¿Cuál era tu referente de chico?

-Me gustaba mucho Tevez y el Kun Aguero. Después cuando fui jugando de defensor empecé a ver a otros jugadores del puesto como Paolo Goltz. Creo que es un excelente jugador y una persona humilde que da todo en la cancha.


-¿Que le decís a los jóvenes que recién empiezan a jugar en el club?

-Como son chicos todavía, que disfruten con sus compañeros de jugar a la pelota. Una vez que van creciendo, ahí sí tomárselo como una responsabilidad también, pero que no pierdan la alegría. Que tengan paciencia y esperen si no les toca jugar rápidamente. La perseverancia, la constancia y el sacrificio son muy importantes para llegar a jugar en la Primera División.

-¿Cuál fue tu mejor técnico en inferiores?

-Creo que todos te van dejando alguna enseñanza. En mi caso, los que más me marcaron fueron Mezque y Salomón. Ya en Reserva, Rodrigo Acosta y “Carucha” Martínez.

-¿Cómo fue ser campeón con Reserva?

-Jugué más de la mitad de los partidos con la Reserva y cuando me tocó debutar contra Godoy Cruz, ahí ya no bajé más. Me siento partícipe del campeonato.


-¿Que lugar del club es el que más te gusta?

-Todo el club me gusta porque pasé por todos los lugares, cada rincón del Polideportivo. Cuando llegué a Lanús fui subiendo de infantiles a juveniles y pasé por todos lados. Estuve en el camping, la pileta y hasta en la cancha de tenis pidiendo las pelotitas, je.

-¿Por que te dicen Chipa?

-Cuando nos pasaba a buscar una combi por Varela, Quilmes y zonas aledañas, los chicos que vivíamos más lejos del club siempre comprábamos después de entrenar a la tarde en un puesto de tortillas y al lado había un puesto de chipa. Todos los chicos compraban siempre tortillas y yo era el único que compraba chipa. De ahí en más me apodaron así, Paragua también. Mi vieja nació en Paraguay y se crió acá en Argentina, por eso comía chipa desde chiquito. Me los preparaba ella y por eso me gustan tanto.

-¿Que sensaciones tuviste cuando te llamaron para jugar en Lanús?

-Estaba jugando en el club 11 de Agosto. Era chico, tenía 8 años y me fueron a buscar ahí. Estaba muy contento la verdad… La familia también, justo estaban mis padres y se pusieron muy felices. Me acuerdo que en esa época me fue a buscar Independiente y yo elegí a Lanús.


-¿Alguna anécdota que recuerdes?

-Tengo varias, pero recuerdo una en particular, cuando apenas arranqué a entrenar en Lanús. Tenia 9 años y mi papá me había regalado unos botines. Julio que era un entrenador y amigo también del club donde jugaba de chico me regaló unas canilleras y para el día del niño desde el club me habían regalado un morral y me iba a entrenar con eso. Iba con Guille Santillán que ahora está en Santamarina de Tandil. Muchos años viajábamos juntos en tren. En Temperley tenía que hacer transbordo de Varela a Temperley y así me dejaba en Lanús. Venía con Guille y mi mamá, recuerdo que coloqué el bolso con los botines, canilleras y ropa. Lo puse abajo del asiento y empecé a jugar a los juegos del celular de mi Vieja, Guille también. Cuando nos bajamos en Temperley, ya en el otro tren a la altura de Lomas, ella me pregunta por mi bolso y resulta ser que me lo olvidé en el otro tren, je. Me quería morir, perdí todo lo que con tanto esfuerzo me habían regalado. Lloré mucho durante el viaje de Lomas de Zamora hasta Lanús. Ya en la Estación me crucé con mi técnico de ese momento, “Pirulo” Cordero, que cuando apenas llegué al club fue mi primer entrenador y me acuerdo que él se reía con mi mamá porque también me estaba riendo. Finalmente el club me regaló unos botines, canilleras y demás así que me ayudaron a que se me pase el enojo que tenía. Ese gesto no me lo olvido más.

Fortaleza Granate

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